Sevilla es un municipio empinado que, a mediados del siglo pasado, se reconoció como capital cafetera de Colombia y crecía a la par de Cali con 80 mil habitantes. Por una serie de infortunios, su ritmo de tangos y café fue mermando, y el título de esta ciudad se fue olvidando. Ahora, en esta región de heliconias y orquídeas florece la expansión de la Universidad del Valle con una inversión de más de 10 mil millones de pesos que impulsa al nororiente del departamento.
Un salto a la excelencia: el nuevo campus
El proyecto de expansión, que se gesta sobre una donación de 3.000 m² de terreno y más de 1.500 m² de infraestructura, responde a la creciente demanda de estudiantes de más de 12 municipios de la región y a un trabajo articulado con el Gobierno Nacional.
Laboratorios de inteligencia artificial y más aulas de clase se alistan para el aumento de la oferta académica. Para profesores como Fernando Moreno Betancourt y Miguel Andrés Andrade, era momento de tener un campus universitario que garantice todas las condiciones de calidad e investigación, que enamore a sus estudiantes desde el primer día, que les inspire orgullo y ofrezca las bases suficientes para desarrollar todo su potencial.
Este ideal nueva edificación será de tres pisos, con una capacidad de 1.600 m², y contará con:
Un auditorio para más de 150 personas, el más grande del municipio.
Tres laboratorios de última tecnología, especializados en nutrición y calidad (enfocados en el café), suelos y aguas, desarrollo de software e integración de la inteligencia artificial.
Nuevos salones, oficinas administrativas y conectividad de alto rendimiento.
Actualmente, “las obras tienen un avance de más del 6% y un cronograma por delante de lo planeado”, evidencia de eficiencia y tecnología de punta, según el profesor Edwin Arango Espinal, Director de la seccional Eje Cafetero que comprende a Sevilla y Caicedonia. Además, este proyecto incorpora una perspectiva bioclimática que considera la dirección de los vientos y los movimientos del sol, lo cual favorece los ambientes frescos y el disfrute de un paisaje con plataneras, cafetales y casas de colores que se divisan desde la colina.
Las raíces resilientes de la Capital del Café
Para entender el impacto de esta obra “es necesario recordar la historia de Sevilla”, dice el profesor Miguel Andrade, Coordinador de este nodo de la universidad. Durante décadas, este municipio fue un polo de desarrollo, un paso obligado en la ruta hacia del Eje Cafetero hacia Bogotá”; y su importancia se evidencia en que tuvo uno de los primeros cines en el país y en sus calles las mujeres vestían de guantes, abrigos de plumas y al salir de misa leían poesía.
Sin embargo, ante la guerra de nada valió que el padre casara a escondidas a parejas enamoradas de familias políticas adversas, la sangre corrió. Más tarde, vino la roya del café y como si fuera casualidad, se creó la calzada alterna por la Tebaida para llegar a Bogotá. Muchas familias emigraron para la cordillera occidental, otras se aferraron con paciencia al café y a la música para sembrar paz.
Carreras del futuro con tonos tradicionales
Ahora, la seccional del Eje Cafetero ve llegar jóvenes de 20 municipios del Valle del Cauca y sur del Quindío, quienes se entusiasman al conocer que una variada oferta académica está cerca de sus casas y que compiten con las grandes ciudades. Sin duda, la capital cafetera de Colombia demuestra que lo importante no es la cantidad de avenidas o calles, si no la calidad de la educación.

