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Pablo Montoya, un viajero entre letras

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Martes,03 de abril del 2018

Nuevamente se dio inició otro ciclo de conversatorios en “Viernes de Letras”, un programa organizado por la Escuela de Estudios Literarios. El invitado para hacer apertura de este ciclo fue el escritor y profesor de literatura Pablo Montoya.

El conversatorio inició con una breve presentación del autor para dar paso a la charla encabezada por los profesores Jorge Ordoñez y Juan Moreno Blanco, quienes alrededor de una serie de preguntas, guiaron el conversatorio.

En un principio la discusión giró en torno a la lectura de un pasaje de la obra Los Derrotados y el tema de la violencia en la literatura colombiana. Para el autor, es ineludible el tema de la violencia en la literatura, sostuvo que es fundamental el tratamiento artístico que se le da, pues en los libros que se escriben sobre la violencia debe prevalecer la preocupación estilística y formal, y asumió que eso es lo que él intenta hacer en sus obras sobre la violencia colombiana y en mayor medida sobre la violencia humana.

Montoya explicó que es fundamental entender que los proyectos de estado –nación se enmarcan en la violencia y que justamente ésta responde a unos procesos sociales, políticos, culturales que se han afianzados profundamente en la sociedad y que por tanto esa idea de estado – nación es devaluada. El autor afirmó que es fundamental tener en cuenta eso para entender la obra Los derrotados.

Continuó hablando sobre el personaje Pedro Cadavid y las transformaciones que este ha sufrido, pues en Los Derrotados, el personaje es un escritor que ha empezado a cuestionarse sobre cómo escribir sobre la violencia en un país donde es fácil caer en la denuncia y en la caricatura. Para Montoya, este personaje es como un alter ego que vuelve a aparecer en su nueva novela.

El autor reflexionó sobre el rol del escritor frente al tema de la violencia y los riesgos que implica asumir una postura crítica como artista y sujeto social. Luego de hablar sobre la violencia, se centró en la obra Los derrotados como una novela experimental que es difícil de leer, que atraviesa la reflexión ensayística y el tema de la naturaleza. Sostuvo que la literatura es para polemizar con el lector, pues es una manifestación artística para los vivos, aunque uno termine derrotado.

El profesor Juan Moreno le preguntó al autor sobre su novela favorita en la literatura colombiana, remontándose a una entrevista que le hicieron al autor donde quien lo entrevistaba no le preguntó el porqué de su novela favorita. De manera jocosa, Pablo Montoya respondió que uno suele cambiar de gustos, pero que sin duda su preferida es La Vorágine de José Eustasio Rivera por ese increíble comienzo pero porque además resuelve de una manera muy inteligente el asunto de la violencia, de cómo narrar esa violencia, y de cómo definir eso que se llama Colombia. Pablo habló de su gusto por la novela gracias esa mirada poética del autor. Su interés por ella, además del punto de vista literario, es porque en la novela, Rivera cuestiona la mirada parnasiana de la selva, desmonta la idea de que la literatura nacional reproduce a un gran país, y toma un carácter denunciador con el tema de las caucheras; por lo que cada vez que se acerca a la novela la lee con el corazón en la mano. El autor refiere a que muchas de las grandes obras han sido concebidas bajo el efecto del paludismo, como es el caso de Isaacs con María, Rivera con La vorágine y el pintor Piranesi con las Cárceles Imaginarias. Pablo reflexiona entonces sobre el tema de la inspiración y la razón a la hora del ejercicio de escribir.

Se pasa entonces a hablar sobre la poesía del autor, su obra Terceto y sus influencias literarias. El autor nos cuenta que el primer libro de Terceto, “Viajeros”, es un libro cantera y que con este libro empezó a construir un mapa literario, que en un primer momento no tenía pensado pero que al revisar sus obras se da cuenta de los abrazos intertextuales entre sus obras de un escritor. Continúa hablando de su interés por hablar de la violencia desde el arte y cómo Terceto termina siendo una obra preparatoria para las obras que más adelante escribiría.

El auditorio escuchaba atento y entre risas interactuaba con aquello que el autor relataba. El conversatorio continuó hablando sobre el diálogo entre géneros que se pueden encontrar en sus obras y cómo éstas se convierten en obras anfibias porque navegan entre la prosa poética y el ensayo, los cuentos, las minificciones y la poesía que rompe justamente con los esquemas literarios establecidos. Se pasa a hablar de la obra Tríptico de la infamia y la influencia histórica que tiene, además de los intereses que tenía el autor para con su obra un poco contrarrestando a la obra de Marguerite Yourcenar y la idea contar una verdad histórica que convenza al lector y de cómo la literatura en el pleno ejercicio de la ficción desmonta eso, porque en la literatura todo es posible gracias a la labor de imaginativa del autor. Pasamos a la relación entre la enfermedad y la literatura con los cuentos de El Beso de la Noche, sobre las vivencias personales del autor y el asunto de la enfermedad y los estados anómalos, el arte y la ciudad.

Fue así como pudimos conocer al Pablo poeta, narrador, novelista, ensayista, cuentista y profesor, quien con una total sencillez nos dejaba ver su relación con la literatura y la historia, sus intereses personales y sus reflexiones sobre la condición humana, la violencia, el rol del escritor y la literatura, la ciudad y la sensibilidad del artista a la hora de comprender el mundo que le rodea.

El conversatorio concluyó con una serie breve de preguntas del público que giraron en torno a resolver algunas dudas que quizá habían quedado volando. El autor agradeció la invitación a este evento con la promesa de regresar en una nueva oportunidad.

Un viajero entre letras

Por: Luisa María Megudan

Tengo el gusto de presentar a Pablo Montoya, escritor colombiano y profesor de literatura nacido en Barrancabermeja. Su encuentro con las letras se dio a través de la música. De su madre heredó el amor por la lectura y de su padre la inclinación por la música. Para contarles un poco más, cuando Pablo llegaba de la escuela encontraba casi siempre a su madre leyendo. Su padre era un gran amante de la música, las tardes de los domingos escuchaba las óperas de Guiseppe, Verdi, Rossini y Bellini, y algo de eso dejó huella en el escritor, aunque su entrada a la música fuese tardía. En un principio Pablo ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, gracias al Premio Fidel Cano entregado a los mejores bachilleres. Su padre orgulloso le dio de regalo una flauta traversa, como estímulo por su rendimiento académico. Fue entonces cuando cursaba cuarto semestre de medicina que desertó de la universidad para estudiar música en Tunja. Aquí descubrió su vocación como escritor. A pesar de que en un principio su padre se opuso, terminó aceptando la decisión de Pablo y tiempo después le envió algunos libros sobre la historia de la ópera.

Tras ganar varios concursos de cuento empezó a interesarse más por la escritura. Sus primeros cuentos fueron dedicados a la música como es el caso de “Eutimio, el clarinetero”, el cual no reconoce como hijo suyo, pero le dio la posibilidad de ganar un concurso regional en Boyacá obteniendo así una máquina de escribir con la que haría posteriormente sus trabajos de Filosofía y Letras, y escribiría más cuentos sobre música, además de los “Cuentos de Niquía”. A los veinte años empezó a escribir poemas sobre sus amigos, su padre, el paisaje y la ciudad, pero decidió hacer un alto para darle paso a los cuentos. Se graduó en Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás en Bogotá y obtuvo la maestría y el doctorado en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos en la Universidad de la Nueva Sorbona en París, donde realizó una tesis sobre la música en la obra de Alejo Carpentier, Cortázar y literatura latinoamericana.

El viaje a París fue determinante para Pablo y su literatura. Significó el conocimiento del otro. Durante mucho tiempo vivió como inmigrante, lo que le permitió conocer de manera más compleja el ser colombiano y analizar la condición humana, además porque la “ciudad luz” empezaba a desmitificarse literariamente hablando. En su obra “Cuaderno de París” (2016), encontramos parte de lo que fue esta experiencia.

Su literatura se ha visto fuertemente influenciada por Rulfo, Cortázar y Carpentier, autores que han escrito sobre música. Además de autores clásicos como Tolstoi, Thomas Mann y Balzac. En la poesía Borges, Baudelaire, Michaux. También ha estado presente la influencia de las artes como la fotografía y la pintura además de la música. Un eje central en sus libros es su relación con las artes. Sería la literatura francesa la que le permitiese separarse de la influencia latinoamericana, rompiendo de alguna manera con la tradición literaria heredada del Boom, encontrando un estilo propio mediado por la frase corta y la poética de la prosa. Su obra nos permite ampliar el imaginario literario colombiano.

Una de las características del autor que lo diferencia con sus contemporáneos, como William Ospina y Juan Gabriel Vázquez, es su intento por romper con la tradición garciamarquiana de la literatura colombiana. Es posible que por eso no goce de reconocimiento, pues sus obras poseen un estilo propio determinado por la frase corta, la fragmentación y la poética de la prosa, que dan cuenta de su rebeldía. Una de las herramientas para la creación de sus obras es la inspiración que, como un impulso mediado por la emoción, se convierte en el punto de partida para el devenir de ideas que luego, tras varios ejercicios de escritura, materializa. Sin embargo, tras ganar varios premios como el Rómulo Gallegos en 2015, el José Donoso en 2016 y el premio Casa de las Américas en Cuba en 2017 por su obra “Tríptico de la infamia” (2014), Pablo Montoya reaparece en la escena literaria colombiana.

Pablo ha sido ganador de varios premios durante su trayectoria. Dentro de sus obras encontramos “Cuentos de Niquía” (1996), “La sinfónica y otros cuentos musicales” (1997), “Habitantes” (1999), “Viajeros” (1999), “Cuaderno de París” (2006), “Trazos” (2007), “Adiós a los próceres” (2010), “Adagio para cuerdas” (2012), “Los derrotados” (2012), “Programa de mano” (2014), “Tríptico de la infamia” (2014), además de ensayos sobre literatura y arte.

Su labor como artista colombiano es abrir espacios para la participación activa en el contexto social actual haciéndolo, claro, desde la literatura. En sus obras hay una voz que denuncia, que se burla de la injusticia. Su literatura recorre las artes, la historia, la vida con su ires y venires. Los invito no sólo a escuchar a este escritor sino también a leer su obra, porque seguramente los atrapará como lo viene haciendo conmigo.